En plena Pasarela Cibeles, los policías de la CEP piden al ministro del Interior camisas que no les hagan parecer gordos
Algunos agentes han pensado que una cosa es pertenecer al cuerpo -de la Policía, se entiende- y otra muy diferente que a uno el cuerpo se lo haga el uniforme. Por eso, hace algunas semanas la Confederación Española de Policía (CEP) -sindicato que cuenta con dos miembros en el órgano de representación de los funcionarios del CNP- ha enviado una carta el ministro del Interior, José Antonio Alonso, para exigirle “una modificación integral” de las prendas que visten para, entre otros cosas, evitar que las camisas les creen “falso volumen en la zona abdominal (aparentes bolsas pícnicas)”. Es decir, les haga parecer más gordos de lo que realmente son.
La misiva, de cuatro folios de extensión, no se queda, ni mucho menos, en esta queja estética e incluye muchas otras. Así, del anorak se critica “su falta de entalle de origen”, que hace que los agentes “la porten a modo de saco de tal forma que desde los hombros hasta las piernas caiga en forma de campana”. Y de la gorra, que “al carecer de armazón interno” haya que sujetarla con la mano para evitar su caída ante cualquier situación imprevista “avergonzando por su estética en ocasiones a los funcionarios que la portan”.
No obstante, es la uniformidad de las mujeres la que origina mayor número de quejas. Así, se asegura que la falda es “absolutamente antiestética en el corte y diseño, puesto que se eleva en exceso en cadera y se abre en parte inferior”. De sus zapatos de gala se destaca su feo diseño y que son “sumamente incómodos”. Y del pantalón que se les entrega -el mismo modelo que a los hombres- se insiste en que debería sufrir mejoras “en los cortes en altura y cadera (...) quitando las gomas de cintura e integrando bolsillos traseros”. Un cambio de patrones que también alcanza a la camisa -les queda “estrecha de pecho y corta de largura”- y al anorak para hacerlas más femeninas.
Otras críticas son menos estéticas y más funcionales, como que los pantalones no son lavables en lavadora, que no abrigan en invierno y dan demasiado color en verano, y que al uso “salen brillos”, además de recalcar que están hechos con un tejido “muy áspero”. De la camisa, la misma que crea michelines, se insiste en que “se ensucia con facilidad”, “es difícil de planchar” y “absorbe el sudor en exceso”. Y del jersey, que carece de la inscripción Policía “que nos identifique” y que “su mezcla textil hace que al tiempo, al uso y al estiramiento se dilate al menos una talla más de la elegida”.
Por todo ello, los autores del texto aseguran que, frente al resto de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado e, incluso, a los empleados de las empresas privadas de seguridad, los integrantes del CNP han sido “relegados al más absoluto de los olvidos, con prendas que rozan la ridiculez”. Un olvido que, insisten, puede acarrear graves consecuencias, ya que la uniformidad básica de los agentes -la misma desde 1989- no cumple “las normas de máxima visibilidad en equipos personales” con el riesgo que ello conlleva para los agentes durante el ejercicio de sus funciones.
Por todo ello, la CEP exige al ministro del Interior que con urgencia “convoque un concurso público cerrado, que acompañe otro de ideas sobre la modificación integral de la uniformidad básica, sin perder el horizonte de una Policía moderna, próxima al ciudadano y al servicio público, en el que definitivamente se modernicen patrones, cortes, nuevos tejidos y se adecúe a la nueva legislación de Prevención de Riesgos Laborales”. ¿Se atreverá con el reto alguno de los diseñadores de Pasarela Cibeles?
Fuente: El Confidencial