La última decisión de la Consejería de Interior, a solicitud de Eudel (Asociación Vasca de Municipios), de no incluir a los agentes de las policías locales de Euskadi en el proyecto de modificación de la Ley 4/92 de la Policía del País Vasco, deja a nuestros agentes en un estatus de inferioridad con relación al de los de la Ertzaintza, lo que ha provocado en las personas que componemos estos cuerpos una sensación de 'mobbing' que yo, personalmente, no me podía imaginar.
Me explico. Resulta que desde el año 1992 todos los agentes pertenecientes a las administraciones vascas nos denominamos genéricamente de igual manera, esto es, policías de la Policía del País Vasco y quedamos bajo el manto legal de la Ley de Policía del País Vasco. Pero la paradoja es que cuando todos pensamos que esta ley va a pretender, como lo hace en algunos aspectos, coordinar y homogeneizar cuestiones relativas a la organización, funcionamiento, selección, formación, etcétera, con intención de llegar quizás, en el futuro, a converger en una única fuerza policial para Euskadi, con sus diferentes secciones territoriales o departamentales, nos encontramos con que se nos niega, únicamente a las policías locales, acceder al 'grupo C' de la Administración.
Cuando parecía que estábamos levantando la cabeza con la creación de una Dirección de Coordinación de las Policías Locales, se toma esta medida totalmente discriminatoria y retrógrada, como si alguien estuviese interesado en poner palos en la ruedas de la carreta que nos intenta coordinar con los miembros de los cuerpos de policía vascos; como si a alguien, sin valorar la importancia de haber tomado esta decisión, le importaran un rábano las policías locales. En toda España estos cuerpos pertenecen a la categoría que ahora nos niegan, también el Cuerpo Nacional de Policía. Y lo cierto es que nos quedamos solos y abandonados, sin importar que hayamos sido pioneros en ocuparnos de la seguridad ciudadana y en ejercer funciones de policía judicial, incluso antes de haberse desplegado la Ertzaintza.
Recuerdo cómo, a principios de los años 80, las policías locales teníamos que ocuparnos de la seguridad ciudadana en el País Vasco porque el Cuerpo Nacional de Policía estaba replegado y la Ertzaintza no estaba desplegada. Nos tuvimos que autoformar y actuar con gran riesgo en muchas ocasiones. Aquello nos sirvió para seguir manteniendo un nivel competencial amplio y de calidad, con relación al resto de policías locales del Estado. Y es curioso, porque ahora en Madrid el Gobierno está tomando medidas legales que posibiliten que las policías locales se ocupen también de la seguridad ciudadana. Algo que a nosotros no nos afectará, en el plano operativo, porque estas funciones las ejercemos desde hace casi 30 años.
El Parlamento vasco acordó por unanimidad que nos igualemos en este aspecto a la Ertzaintza, para pasar al 'grupo C', pero decidió, por aquello de la autonomía municipal, dejar la última palabra a Eudel. Hace unas semanas nos enteramos de que la Ejecutiva de Eudel solicitó al Gobierno vasco que no incluyese a las policías locales en la necesaria reforma de la ley, sin aportar razón alguna. Será que con graduado escolar ya hay base formativa suficiente para ser un buen alguacil, que no un policía. La 'guerra al navajero' y otras cuestiones de 'policías beligerantes' que ahora tenemos las policías locales entre manos deberían, pues, ser competencia de la Ertzaintza.
Así quedaría una Policía de primera, la Ertzaintza, la policía verdadera, con 8.000 miembros de bachillerato, y otra policía de segunda, los alguaciles, con 3.000 miembros de graduado escolar. Ésta no es la forma de caminar hacia una Policía vasca eficaz, formada y profesional.
No me queda más que pedir a Eudel que reconsidere su postura. Y estoy seguro de que lo hará. Pero que no sea tarde. Que lo haga antes de que se produzca la modificación de la ley, pues causaría un precedente y un daño moral a 3.000 profesionales difícil de olvidar. Y al Gobierno vasco le pido que espere a llevar a cabo la modificación, porque Eudel cambiará su decisión, pues a ningún alcalde le interesa tener una policía de segunda a sus órdenes.
Fuente: El Correo Digital