Rexo se lo toma como un juego, pero poco hay de lúdico en la misión que desempeña. Si finalmente se sienta, recibe una pelota de goma, pero ese inocente juguete no es más que la recompensa por haber olido con su olfato el explosivo que le esconde José Luis, el policía que se encarga de dirigir el Grupo de Guías Caninos del Cuerpo Nacional de Policía que tiene su sede junto a la comisaría transfronteriza de Badajoz.
Este nuevo servicio policial comenzó a funcionar a principios del 2005 y desde entonces ha protagonizado cientos de actuaciones en Badajoz, Mérida, Almendralejo, Don Benito, Villanueva de la Serena, Cáceres y Plasencia, las localidades donde está presente este cuerpo policial.
La sección está dirigida por José Luis Mosquero Herrojo, un policía nacido en Llerena que comparte con tres compañeros el adiestramiento de ocho perros (siete pastores alemanes y un pointer) especializados en la búsqueda de explosivos o drogas.
Los animales llegaron a Badajoz en enero del 2005 y en los 15 meses que han transcurrido desde entonces se aprecia una sensible mejora en su olfato. 'Aunque ya venían adiestrados, cada día que pasa se van viendo avances'.
Mosquero asegura que el mejor momento de los perros suele coincidir con los 3 años de edad, puesto que siguen siendo jóvenes y ya comienzan a tener un importante grado de veteranía. 'El perro más joven con el que trabajamos tiene un año, y el mayor ronda los ocho'.
Educar el olfato de uno de los canes suele llevar entre un año y año y medio, un período de formación en el que suele ser sometido a entrenamientos diarios, preparación que compaginan con actuaciones reales en la calle. 'Ahora mismo estamos en el nivel 2 de alerta antiterrorista, así que realizamos salidas diarias a los lugares de especial protección existentes en nuestro ámbito de trabajo y velamos por la seguridad en los lugares a los que se desplazan las autoridades'.
Los guías caninos que trabajan en Badajoz saben que Extremadura no es un lugar especialmente problemático en materia antiterrorista, pero ponen el mismo celo que si trabajaran en cualquier otra región de España.
Ese mismo empeño marca las operaciones que desarrollan contra el tráfico de estupefacientes, una tarea en la que son de mucha utilidad. 'Al principio no había costumbre de utilizar los perros en la búsqueda de droga, así que nos llamaban poco, pero ahora no hay una intervención importante en la que no estemos presentes', relata José Luis.
Uno de sus compañeros de trabajo, Juan Miguel Tadeo Garrote, deja claro que los traficantes ya tienen conciencia de que 'cuando van los perros de la Policía es que la operación va en serio'.
Pero los guías caninos no sólo buscan droga en los domicilios donde se vende o se almacena esta sustancia, sino que trabajan también en las inmediaciones de centros educativos y en la zona de botellón, lugares a los que se desplazan periódicamente para prevenir el tráfico minorista.
En esos lugares los perros usan sus olfatos para encontrar la sustancia prohibida, pero realmente no es la droga lo que esperan encontrar, sino la pelota con que son premiados cuando tienen éxito. 'Es lógico que hayamos escuchado cientos de veces eso que se cuenta de que los perros se entrenan dándoles droga, pero la realidad es muy distinta. Lo que ellos buscan es la pelota que nosotros les ofrecemos cuando consiguen su objetivo: ése es el premio'.
En estos casos el animal comienza a ladrar con fuerza, muerde el objeto en el que piensa que se esconde la pelota y lo araña sin parar, una reacción muy distinta a la que se exige a los perros de explosivos. 'En esta segunda actividad el animal está preparado para sentarse, no serviría de nada que tocase el explosivo, porque eso lo haría saltar por los aires'.
José Luis Mosquero aclara que el sistema de adiestramiento se basa en el condicionamiento clásico, una técnica que trabajan con paciencia todos los componentes del grupo. 'Cada día los familiarizamos tanto con la búsqueda de explosivos o droga como en la obediencia, porque el perro tiene que obedecer por encima de todo lo demás'.
A la consecución de esos resultados contribuye la entrega de los guías, que en ocasiones incluso se hacen acompañar por los animales con los que trabajan cuando van de vacaciones. 'La verdad es que nuestras familias están deseando que nos llevemos el perro, ellos también lo sienten como algo propio'.
Quitar hierro
Esa colaboración familiar no impide que en determinados momentos los guías caninos tengan que callar en casa algunas de las experiencias vividas durante el día. 'Muchas veces no cuentas las cosas a la familia para que no se preocupe, o las cuentas por encima para quitarle hierro', reconoce Juan Miguel Tadeo, que es natural de Badajoz.
José Luis Mosquero va más allá cuando indica que hay jornadas de trabajo en las que 'sólo te das cuenta del peligro que has corrido cuando llegas a casa'. 'Es como cuando intervenías en una tangana enorme: mientras estabas actuando no te lo planteabas, pero al llegar a casa empezabas a pensar en el riesgo que habías tenido'.
De momento el Grupo de Guías Caninos del Cuerpo Nacional de Policía es uno de los más jóvenes de España, pero algunos de sus componentes ya han participado en operaciones importantes. 'El peor día que he pasado en este trabajo fue el 11-M en Atocha. Aquello fue horrible', confiesa Juan Miguel, que trabaja cada día para evitar episodios como ése.
Fuente: Terra