DEJAN sus uniformes a un lado. Los atracos, las incautaciones de droga y los secuestros. Les ha llegado la hora de comenzar una vida más tranquila. Después de décadas sirviendo en el Cuerpo Nacional de Policía, el inspector jefe Manuel Mirón Rodrigo y el subinspector José Luis Galán Yelmo pasan a segunda actividad tras 26 años al frente de la comisaría de Mérida. Ayer fueron recibidos por el alcalde, Ángel Calle. Él también ha reconocido la labor que ambos han desarrollado en la ciudad, imponiéndoles la insignia del Ayuntamiento, gesto que han agradecido los agentes.
Casi 40 años en el cuerpo y secretario general de la comisaría en los últimos 8 años. Manuel Mirón cree que la Policía ha evolucionado, a mejor, en los últimos tiempos. Irún, San Sebastián, Zaragoza, Madrid, Piedras Albas, Cáceres y Mérida. Lugares donde ha ejercido su profesión este agente que, a partir de ahora, va a disfrutar de su campo, además de leer, viajar mucho con su mujer y «disfrutar de la vida mientras esté ágil y joven».
Hace un balance muy positivo de su trayectoria como policía. 37 años en el cuerpo dan para mucho, se vive mucho y se tiene mucho que contar. Como los logros obtenidos. Mirón ha participado en la resolución de tres secuestros y ha pasado por diversos departamentos, como el judicial o la brigada de información... Pero de lo que más se enorgullece es de ser el creador, junto al también jubilado Paco Trigo, de la brigada móvil en la ciudad. «Son cosas que te dejan huella». Policía nato, con dos hermanos en el cuerpo, otro Guardia Civil y su padre también de la Benemérita, «no podía haber sido otra cosa, pues lo he vivido en casa».
Muchas anécdotas
José Luis Galán ingresó en el cuerpo en enero de 1970, hace 39 años. Estuvo varios años recorriendo España y asistió a acontecimientos como la muerte de Franco o varias finales de copas de fútbol. Hasta que se asentó en Mérida. Aquí colaboró con la brigada móvil, «que fue un bombazo en su tiempo». Después pasó por distintos departamentos de la comisaría, donde vivió momentos como un atraco en una sucursal bancaria en la calle Oviedo, una red de tráfico de clembuterol y anabolizantes en la que estaba implicada mucha gente o los miles de casos resueltos en el día a día.
Como su compañero de fatigas, se considera un agente vocacional. «Si volviera a nacer volvería a ser policía. Estoy contentísimo con mi profesión y he disfrutado muchísimo».
Ahora se va del cuerpo porque considera que es el momento más apropiado, «el momento de disfrutar de mi mujer, de mis hijos y mis nietos. Como mis compañeros, he faltado a muchos cumpleaños, a muchos eventos, a muchas enfermedades. Y ahora es el momento de estar ahí. Disfrutar, ya no tanto de los hijos, sino de la mujer y los nietos. Yo también lo necesito».
Dejan el testigo a una Policía, según ellos, mejor preparada y con más conocimientos. Dan paso a una nueva generación de agentes, dejando atrás muchos amigos y muchas anécdotas que contar.