Los jefes explicaron la procedencia de sus huellas en los paquetes del alijo Ninguno de los tres mandos de la Udyco de Sevilla a los que la Fiscalía acusa de ocultar el robo de la droga en la Jefatura Superior está imputado, además, por la desaparición de los alijos, pero faltó poco.
Unas huellas dactilares que los investigadores de la unidad de Asuntos Internos encontró en algunos de los paquetes de droga que se guardaban en los sótanos de las dependencias policiales estuvo a punto de convertir la actuación individual de un agente –el detenido Lars Sepúlveda– en una trama de corrupción perfectamente organizada.
Según ha podido saber este periódico, Asuntos Internos intentó, y casi lo logra, acusar a dos de los tres mandos de la Unidad contra la Droga y el Crimen Organizado (Udyco) no sólo de encubrimiento, sino además, de participar directamente en la desaparición de parte de los alrededor de 150 kilos de cocaína y heroína que se almacenaban en los antiguos calabozos y que fueron sustituidos por sustancias de corte, como el talco o el yeso.
Según explicaron fuentes próximas al caso, Asuntos Internos tuvo en el punto de mira a los jefes de los grupos II y III de la Udyco, a los que llegaron a vincular con el robo de los estupefacientes después de que sus huellas dactilares aparecieran en el escenario del delito.
En concreto, los especialistas del Cuerpo Nacional de Policía encontraron rastros dactilares en varios de los alijos depositados en los sótanos a la espera de la orden judicial para su destrucción. Algunos de ellos, como se comprobó poco después, formaban parte del botín que se habían llevado los ladrones.
Con este indicio en la mano, los agentes de Asuntos Internos desplazados desde Madrid abrieron una segunda línea de investigación –de forma paralela a la que apuntaba a Lars Sepúlveda y a su socio, Lolo– que tenía a los dos mandos de la unidad anti drogas como sospechosos principales.
Incluso, se pidieron explicaciones a los dos responsables policiales, que explicaron que sus huellas estaban en los paquetes de cocaína y heroína porque, efectivamente, los habían manipulado. Pero había sido, contaron, justo después de que los análisis, primero del Instituto Nacional de Toxicología, y luego del Laboratorio de la Policía certificaran que los que se guardaba en algunos de los paquetes no era droga, sino otras sustancias de apariencia similar pero de composición radicalmente distinta.
De acuerdo con la versión que ofrecieron entonces a Asuntos Internos, los dos mandos acudieron a los antiguos calabozos en cuanto recibieron la confirmación del 'cambiazo' a fin de averiguar el alcance real de las sustracciones. Para ello, manipularon algunos paquetes, en los que dejaron sus huellas dactilares.
Las explicaciones de los jefes de los grupos II y III fueron avaladas en ese momento por el jefe de la unidad, también imputado ahora por encubrimiento y, además, por favorecer a un clan de traficantes. Este mando confirmó la explicación de sus subordinados y contó cómo en cuanto tuvieron constancia de los resultados de los análisis se apresuraron a revisar los alijos depositados en los almacenes.